Acoso en el ascensor

He subido a un ascensor, en un edificio de muchas plantas. Qué edificio y porqué estaba yo ahí, no os importa. Éramos seis o siete personas, pero enseguida se han bajado todos y hemos quedado una chica que tenía de espaldas (de cara a la puerta) y yo, el sociópata.




Entonces, ya solos los dos es cuando me he dicho. "Edmundo, como sociópata que eres, es tu obligación decirle alguna obscenidad a esta joven". Me daba apuro, ciertamente, pues estas cosas no me salen muy naturales pero como se acercaba la planta en la que la chica se bajaba, he susurrado con perversa entonación: 

- "Jovencita, te voy a hacer el amor hasta que me pidas que pare".

Ya. No es una obscenidad muy obscena. Es que tuve una educación muy estricta y si con los hombres ya me cuesta (aunque os recuerdo que el otro día llamé 'maricón'  a Francisco) con las chicas aún me es más complicado. Y eso que ensayo en casa, con las presentadoras del telediario. Y me sale fantástico, pero luego en la calle me es más difícil. En fin, más o menos obsceno, más menos que más, ya estaba dicho.

Sucedió a continuación que la chica empezó a mover la cabeza arriba y abajo, ¡como diciendo que sí! Ahí me he asustado, porque aún no le había visto la cara. ¿Y si es fea y me exige que cumpla mi palabra? ¿y si luego nunca me pide que pare? He empezado a sudar y eso que aún faltaba por venir lo peor. Aún sin girarse, ha entonado, o mejor dicho, ha desentonado:

- ♪♫♪Amarte bien, amarte bien, lo único que quiero es solamente amarte bien ♪♫♪

¡Para un día que me decido a decir una obscenidad a una chica y me topo con una auténtica psicópata! He empezado a decirle ya en un tono elevado que igual no me iba bien hoy, que me acababa de acordar que tenía que ir a un sitio, mejor otro día ya nos veremos por ahí, cuando entonces finalmente se ha girado y se ha puesto a reír. Se ha quitado los auriculares y ha dicho:

- ¡Uy! ¡que vergüenza! pensaba que estaba sola. Es que cuando suena esta canción no puedo evitar cantarla.

Y entonces llegamos a su planta, yo iba a la de arriba. Se ha abierto la puerta y me ha preguntado:

- ¿Que me decías?
- Nada, que cantas muy bien.
- Oh, gracias. Que chico más simpático. Hasta luego.

Así que al final no me ha salido tan mal. ¡Le he caído simpático! ¡Y bien mona que era! A ver si la vuelvo a ver otro día que vaya a el Corte Inglés y le susurro más y mejores obscenidades... ¡pero antes le desconecto los auriculares!


1 comentario:

  1. Si fuera tu valoraria la suerte que has tenido de que no te escuchara y no lo repetiria, porque tarde o temprano te tocara la típica pijilla asustada y acabaras en el calabozo. Deberías recordar que lo mas importante es camuflarse y dejarse ver solo en ambiente seguro.

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