... el jefe me ha dicho que no vuelva. Y me ha llamado sociópata delante de todos. Le he contestado que "¡y orgulloso!". Si no lo he matado ha sido por no convertirme en psicópata, pero ganas no me han faltado. Así que me vuelvo al otro lado, del que no debí salir jamás, el de devorador de pizzas a domicilio.
Mi día a día. Y como pille al que me robó el título de "diario de un sociópata" lo descuartizo. Bueno no, que somos hermanos sociópatas.
Edmundo repartidor de pizzas
Hoy empecé mi nuevo trabajo de repartidor de pizzas a domicilio. Sólo he entregado una. Y, ya de vuelta, cuando he dado el resguardo del recibo a caja, según el procedimiento habitual...
Cómo detectar psicópatas.
Hoy os hablaré de redes sociales. Entre mis escasos amigos tenemos un chiste recurrente. Cuando por ejemplo vamos a un bar en el que no hay nadie, siempre salta alguno de nosotros diciendo "esto está más vacío que la lista de amigos de facebook de un psicópata". Si es que en realidad ni tienen, porque no tienen a quién agregar los pobres. Y es que si algún conocido (que no amigo) vuestro de ésos que luego, cuando lo atrapan se dice de él aquello de "pues parecía de lo más normal" "siempre saludaba en el ascensor" "cuando me enteré que él era el que había matado a aquellos 117 niños no me lo podría creer" os dice con orgullo "Yo no tengo facebook..." PELIGRO, podríais estar ante un psicópata.
Claro que tampoco es tan concluyente lo anterior. Alguien puede que no tenga facebook porque no se aclare con la informática. Entonces, ¿como estar del todo seguro? Pues si luego añade "... pero tengo twitter". En este caso no lo dudéis ni un solo segundo y llamad a la policía porque os halláis ante un peligroso psicópata. ¡Muy peligroso! ¿Como estoy tan seguro? Pues porque en twitter la gente se dedica básicamente a seguir a los famosos, cosa muy del gusto de los malditos psicópatas, que les encanta acosar famosos, no pueden vivir sin ello. ¡Cómo los odio!
Y es por esto que quiero que os apuntéis esto en rojo y lo colguéis en algún lugar visible:
NO FACEBOOK + SI TWITTER = PSICÓPATA PELIGROSO
"Edmundo, ¿Y los sociópatas qué?" supongo que os estáis preguntando. Pues nosotros tenemos facebook, pero con 4 o 5 amigos agregados a lo sumo, y a veces también twitter, pero sólo seguimos a deportistas famosos. Y también tenemos blogs.
Me río con los muertos
Hoy me he reído con mi abuela, que lleva diez años enterrada en el cementerio de no-os-importa-donde (tampoco me acuerdo si es el de Collserola o el de Montjuic). Pues me ha contado mi madre -ah, tranquilos, a mi madre no la tengo disecada en el ático e imito su voz, eso es cosa de psicópatas; los sociópatas nos llevamos bien con los padres, aunque con los hermanos...- me ha contado, decía, que cuando era pequeña iban andando un trayecto bastante largo para ahorrarse el tranvía, idea de mi abuelo, pero mi abuela al respecto dijo:
- ¡¡¡A ver si lo que nos ahorramos en tranvía nos lo tendremos que gastar en cambiarnos todos las suelas de los zapatos !!!
Si no conocisteis a mi abuela, que supongo que no la conocisteis, igual no os hace gracia. Pero yo me acuerdo de la mala hostia que gastaba cuando se cabreaba (para mí que he heredado la sociopatía de ella) y es que me parto.
No es serio este cementerio.
Bajar a la zona de vías (primera parte)
Aguardaba la llegada del metro en la estación de no os importa y para hacer más entretenida la espera leía una novela sobre gente normal, ya que las novelas sobre sociópatas me aburren pues me resultan del todo previsibles; siempre sé que va a hacer el sociópata: lo mismo que haría yo. Enfrascado estaba en mi novela cuando me ha asustado por su volumen exagerado un mensaje por megafonía que decía:
ESTÁ TOTALMENTE PROHIBIDO BAJAR A LA ZONA DE VÍAS
Y entonces ha sucedido. En la vida se me habría ocurrido bajar a la zona de vías, pero en el momento exacto de saber que estaba prohibido, me han entrado unas irrefrenables y obsesivas ganas de bajar a las vías. Es mi naturaleza sociópata.
Así que he mirado el panel que indica los minutos que quedan para que llegue el próximo metro e indicaba tres minutos y unos pocos segundos para el de dirección Vall d'Hebrón (es que en la estación de Maragall el andén es central y, por lo tanto, hay dos zonas de vías, pero yo quería bajar a la de mi dirección).
"Tres minutos, Edmundo, me he dicho, o bajas ya o el tiempo se te echa encima..."
"Tres minutos, Edmundo, me he dicho, o bajas ya o el tiempo se te echa encima..."
... pero al final no me he decidido porque realmente no sabía como hacerlo ni que haría una vez abajo, una cosa de este calibre hay que planificarla antes, así que he decidido dejarlo para otro día, que por eso he puesto en el título 'primera parte' porque habrá una "segunda parte" en pocos días. Y os juro, como me llamo Edmundo Kemper, bueno ya me entendéis, que es un nombre falso, pero os juro, como me llamo Edmundo Kemper, que yo bajo a la zona de vías.
El placer de matar
Matar es la acción más placentera a la que uno se puede dedicar en esta vida pero, ¡cuidado!, que produce adicción. Sí, y os hablo desde la experiencia, una vez has matado, es como aquellas patatas fritas que no podías comer solo una. Siempre quieres más, ya no puedes parar.
Todo empezó con la aparición de unas pequeñas moscas en la cocina, zona fregadero y aledaños. Al principio no me molestaban y las dejaba en paz, pero llegó un día que ya sumaban como seis o siete revoloteando sin complejos y ahí me dije: "Edmundo, tienes que hacer algo". Y vaya si lo hice.
Todo empezó con la aparición de unas pequeñas moscas en la cocina, zona fregadero y aledaños. Al principio no me molestaban y las dejaba en paz, pero llegó un día que ya sumaban como seis o siete revoloteando sin complejos y ahí me dije: "Edmundo, tienes que hacer algo". Y vaya si lo hice.
Lo que hice fue echar insecticida, que aunque sociópata mis métodos de matar moscas no distan mucho de los vuestros. Eché un rociado general por la cocina y pensé, iluso de mí, que habría acabado con todas, pero al día siguiente descubrí que no sólo no había acabado con todas, sino que probablemente aún había más. Y se puede decir que ahí cometieron un error fatal porque entonces me dije, "Edmundo, estas diminutas se están riendo de tí". Y nada peor para un sociópata que la sensación de que se ríen de uno. Nuestra reacción puede ser desmesurada. Decidí que la rociada no iba a ser general, si no que iba a entrar en una bastante descompensada batalla cuerpo a cuerpo. Y ahí me tenéis, buscando moscas por el fregadero o las paredes y lanzándoles su rociado personalizado. Volaban en un intento desesperado de escapar al pulverizado mortal y yo brincaba tras ellas, lanzándoles más veneno mortal. Y así hasta acabar con todas. Fue un festín de horror, adrenalina y muerte. Lo mejor que me ha pasado en años.
Al día siguiente aún quedaba alguna revoltosa y repetí operación, pero esta vez la diversión acabó enseguida y me quedé con el bote de insecticida desenfundado y una gran frustración. "Si has vencido, ¿por qué estás triste?" -me pregunté. Pues ya os lo he explicado arriba. Una vez matas, ya no puedes parar.
Hoy he abierto las ventanas para que vengan más y les he dejado migas de galletitas y el cubo de la basura sin cerrar. Y mientras, espero, agazapado bajo el fregadero, con mi bote insecticida preparado para matar.
Anónimos amenazantes
Voy bien vestido y llevo una carpeta conmigo. Elijo un edificio al azar y el elegido es uno de cuatro plantas. Llamo a los ocho timbres de las dos primeras plantas (¡Muy bien adivinado, listillos! cuatro por planta). Tardan en contestarme pero al final alguien dice "diga" y yo digo "correo comercial". Me abren. Siempre me sorprende esa facilidad con que la gente abre las puertas, como si "correo comercial" fuera su hijo o su cónyuge (¿vosotros hacéis igual? pues no es una actitud demasiado inteligente). Con el ascensor llego al último piso, allá donde no he llamado y por lo tanto no se me espera. Le doy al timbre de la primera puerta que me encuentro al salir. Cruzo los dedos para que no abran, pero abren, eso sí, con la cadena puesta (¡bien hecho!) Es un parado, o esa pinta me hace lo poco que veo. "¿Qué desea?" "Soy de Telefónica y vengo a hacerle una oferta que no podrá rechazar" "No estoy interesado" "Entonces no le molesto más". Mi poca insistencia debería hacerle sospechar, pero me da igual. Probablemente se sienta triunfador: "me he desecho de un pesado en un segundo". Llamo a otro timbre y por suerte esta vez no contestan. Saco de la carpeta el papel amenazante que he armado con letras de periódico y lo deslizo debajo de la puerta. El edificio es tan viejo y la puerta tan cochambrosa que se pueden pasar papeles por debajo ¡Que suerte!. Y en el papel se puede leer con letras de imprenta: VAS A MORIR
Y me voy feliz con la satisfacción del deber cumplido. Sí, pienso en la angustia de la persona que vive en esa casa cuando llegue y se encuentre un papel en el suelo. Le dará la vuelta (que lo pasé del revés) y leerá que va a morir. Me encantaría vivir ese momento. Pero entonces empiezo a angustiarme precisamente por eso, por no poder vivirlo. ¿Gritará de terror? ¿No le dará más importancia y pensará que es cosas de críos? ¿Rápidamente pensará en algún posible culpable? Y aparte de eso ¿Quién será la persona que lo lea? ¿Varón? ¿Mujer? ¿Joven? ¿Anciano? Tal es la angustia que siento al saber que jamás tendré respuestas a estas preguntas que me dan ganas de volver al edificio y rescatar el papel, pero sé que no hay manera humana de hacerlo sin derribar la puerta.
Ya sólo una pregunta más, ésta para vosotros ¿Cuántos días creéis que me durará esta angustia?
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