Francisco, el incauto del tren

Hoy he subido a un tren. No os importa a donde iba ni voy a dar pistas al respecto. El caso es que detrás, sin que lo vea, un varón empieza a hablar por teléfono. Llama a una inmobiliaria para alquilar un piso. Y comete un error garrafal (tomad nota, vosotros, de no hacerlo). Empieza a dar alegremente sus datos en voz alta incluido su teléfono. Total que, aunque no tengo la memoria de un psicópata (ni falta que me hace) tengo la de un sociópata y retengo (no tenía donde apuntar) los datos de nombre y teléfono para hacerle una trastada. Su domicilio actual se me olvida pues no cabe todo en mi cabeza.

El incauto se ha bajado en Castelldefels; solo le veo de espaldas al salir hacia la puerta y me entran ganas de acuchillarle..  

Cuando he llegado a Vilanova tenía cosas que hacer, pero a última hora, desde una cabina (no soy tan idiota como para llamar desde mi teléfono) le he llamado. ¿Mi plan? Pues amenazarle, insultarle, pero diciendo su nombre de pila, que eso acojona. Porque si te insulta alguien sin decir tu nombre piensas "algún psicópata que ha marcado un número al azar", pero si descubres que saben tu nombre ya es cosa de sociópatas y asusta más.



Lo que no esperaba es que me saltara el buzón de voz. Me he puesto nervioso y sólo he acertado a decir:  ¡Francisco... Maricón! He pensado llamarle otro día pero ahora en casa que tengo para anotar ya no me acuerdo del número.

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