húmedas paredes, pero sé que alguna vez cambiará mi suerte". Pues sí, mi calle tiene un oscuro bar. Nunca había entrado pues los sociópatas no somos muy de bares. Pero el otro día pasé y me encontré que habían puesto este cartel con ofertas.
Y no pude resistir la tentación de entrar. Una vez en el interior, le pregunté al dueño :
- ¿Sociópata?
- Sí, ¿tú?
- También. -respondí, y me presenté-. Me llamo Edmundo Kemper
- Mi nombre es Normando Bates, considérame un hermano.
Y ahí salió de detrás de la barra y nos fundimos en un cálido abrazo, pues los sociópatas con el resto de gente somos muy fríos y calculadores, pero cuando nos reconocemos somos todo fraternidad.
Pasado ese momento emocional, ya me senté en una mesa y me preguntó que oferta quería.
- Normando, si te he de ser sincero -le dije- no las he entendido.
Y el dueño se rió.
- Edmundo, buen hombre, si nadie las entiende, y luego les cobro lo que me da la gana. Te pongo un café con leche y un croissant y luego, a la hora de pagar, Dios proveerá.
Al final no me cobró, por suerte, pues no hubiera sabido si darle dos euros, un billete de cinco, o uno de los grandes.
Benditos sociópatas, algún día dominaremos el mundo.

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